Vía Crucis, sus orígenes

Vía Crucis significa Camino de la Cruz, refiriéndose al camino que recorrió Jesus, cargado con la Cruz desde el Pretorio de Pilato hasta el monte Calvario. El cual  consta de catorce estaciones, la mayoría descritas en el evangelio y otras que se han ido añadiendo como resultado de la interpretación de estos.

En la actualidad nos encontramos las estaciones representadas en forma de pinturas o esculturas, colocadas a intervalos en las paredes de las iglesias o en lugares reservados para la oración. ¿Pero cómo surgen estas representaciones?

Según indican algunos escritos la Virgen María recorría  cada día los sitios donde su Divino Hijo había sufrido y derramado la sangre; en los lugares señalados se detenía, evocaba a la vez el recuerdo dulce y amargo, besaba el suelo y oraba. Acto que comenzaron a imitar muchos cristianos  con el objetivo de venerar, meditar y reflexionar con lo ocurrido durante el camino que siguió Jesus hasta el monte del Calvario.  Tradición que comenzó a extenderse en el siglo IV, en la época del emperador Constantino.

Pero no todos los creyentes podían ir a Jerusalén a seguir los pasos de la Pasión de Cristo por lo que a partir del siglo VII se pasó a establecer las estaciones para el Vía Crucis en diversos santuarios de Europa y, más tarde, en determinados lugares de cada diócesis particular, con el objetivo de acercarse  más al pueblo cristiano.

Desde el siglo XII los peregrinos escriben sobre la “Vía Sacra”, como una ruta por la que pasaban recordando la Pasión.   No se sabe con certeza como surgieron las estaciones según las conocemos hoy en día, pero se cree que fueron los Franciscanos los primeros en establecer el Vía Crucis ya que a ellos se les concedió en 1342 la custodia de los lugares mas preciados de Tierra Santa.