EL MONTAJE DE MINERVA

La primera vez que fui al montaje de mi cofradía, fue con mi padre cuando apenas tenía 8 años. En un principio cuando me dijo mi padre la hora a la que tenía que levantarme me dio pereza, mucha pereza, mi padre quería llevarme para que fuese viendo y viviendo lo que hay detrás de cada procesión. Al final agradecí que ese día me llevase, al día siguiente quería volver porque no solo me lo pasé bien si no que vi la gran familia que hay ahí dentro.

Empecé haciendo pequeñas cosas como limpiando los tronos, sacando brillo a las puntas de vara, incluso recuerdo que el Hermano Mayor del paso estuvimos pintando unos rosetones pequeños dorados que lleva el trono.

Año tras año iba haciendo alguna cosilla más, ponía un caballete me dejaban limpiar algún farolillo, colocaba los incensarios y una larga lista de cosas que parecen minuciosas pero aun niño hacían feliz.

Por fin llego el año, me iban a dejar ya ayudar con los tronos, levantarlos ayudar con las figuras y demás. Recuerdo nervios y sobre todo los avisos de mi padre que tenía su peligro. Desde ese día empecé a sentirme útil. Y hoy en día confirmo que ese sentimiento es equívoco ya que cualquier ayuda, hasta de los más pequeños es valiosa y lo más importante es valorada.

Cada año voy con la misma ilusión y cada año este grupo de montaje está más unido.

Diego Triguero

II ENCUENTRO DE JOVENES PAPONES

Comenzaba la mañana de sábado, todo en el ambiente hacía presagiar que la jornada que estaba por acontecer iba a estar cargada de buenas sensaciones, buena compañía, y sobre todo, espíritu cofrade. Primeramente, y velando para que lo que estaba por venir se desarrollase tal cual se había planeado, el conjunto de los coordinadores realizaban las ultimas comprobaciones en lo que los participantes de las cofradías comenzaban a llegar. Como todo buen encuentro de Jóvenes Papones que se precie, y superando el medio centenar de asistentes, había que comenzarlo dando la bienvenida a todos los presentes, y que mejor lugar que la iglesia de San Francisco que tan a bien estuvieron en cedernos  los Padres Capuchinos para tal acto. Una vez concluida la bienvenida, y dando por inaugurado el Segundo Encuentro Local de Jóvenes Papones, pasábamos a la sede de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y del Silencio, situada en la parte superior del teatro San Francisco, y que tan amablemente nos habían dejado para realización de las charlas del encuentro.

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